viernes, 7 de septiembre de 2018

Cuando nació mi alegría... - Khalil Gibrán Khalil


Cuando nació mi alegría...
Y cuando nació mi Alegría, la alcé en brazos y subí con ella a la azotea de mi casa, a gritar:
- ¡Venid, vecinos! ¡Venid a ver! Porque hoy ha nacido mi alegría: venid a contemplar este ser placentero que ríe bajo el sol.

Pero fue grande mi sorpresa cuando ningún vecino mío acudió a contemplar mi Alegría.

Y todos los días, durante siete lunas, proclamé el advenimiento de mi Alegría desde la azotea de mi casa, pero nadie quiso escucharme.
        
Y mi Alegría y yo estábamos solos, sin nadie que fuera a visitarnos.

Luego, mi Alegría palideció y enfermó de hastío, pues sólo yo gozaba de su hermosura, y sólo mis labios besaban sus labios.

Luego, mi Alegría murió, de soledad y aislamiento.
Y ahora sólo recuerdo a mi muerta Alegría al recordar mi muerta risa. Pero el recuerdo es una hoja de otoño que susurra un instante en el viento, y luego no vuelve a escucharse más.
©Khalil Gibrán Khalil

HOJAS DE OTOÑO


Cuando las hojas secas caen en otoño, el árbol queda desnudo por varios meses. Si alguien lo viera en esos momentos y no supiera que después, en la primavera, va a reverdecer con nuevas hojas y nuevos bríos, flores y frutos, pensaría que está muerto...

Todos tenemos esos períodos en que las hojas caen y nos quedamos desnudos, algunos por haber perdido un amor o un ser querido, bien sea por la separación definitiva de la muerte, o la separación terrenal de los divorcios o alejamientos.
        
Ese período desnudo puede ser causado por una etapa de mucha necesidad económica... o tal vez de una enfermedad, un accidente... o de pérdida de valores, status, una prisión u hospitalización.

Sin embargo, siempre hay que tomar ejemplo en la naturaleza y vivir armoniosamente con ella, y de la misma manera que un árbol desnudo después va a reverdecer, así mismo tenemos que pensar que en esos períodos de desnudez, bien sea espiritual, económica, sentimental o de cualquier otro tipo, después vendrán nuevamente las hojas, las flores y los frutos... y el árbol habrá aprendido su lección y ya no estará triste cuando pierda las hojas.

LOS PUENTES DE MADISON. Carta de amor de Robert a Francesca


sábado, 28 de julio de 2018

De tanto perder aprendí a ganar.

De tanto perder aprendí a ganar.

De tanto llorar se me dibujó esta sonrisa.
Conozco tanto el piso que solo miro el cielo.
Toqué tantas veces fondo que, cada vez que bajo, ya sé que mañana subiré.
Me asombra tanto como es el ser humano, que aprendí a ser yo mismo. ...
Tuve que sentir la soledad para aprender a acompañarme...
Intenté ayudar tantas veces a los demás, que aprendí a esperar que me pidan ayuda.
Hago solo lo que debo, de la mejor forma que puedo y los demás que hagan lo que quieran.
Vi tantas liebres correr sin sentido, que aprendí a ser tortuga y apreciar el recorrido...

Reflexión a la vida dura que golpea




La vida, está hecha de alegría, tristeza, dolor
la vida te golpea, y en cada golpe,
te hace, humilde, sencillo, honesto, sensible,...
auténtico, amigo, grande, fuerte,
cuanto más sufres, mas creces, más aprendes,
más amas, más perdonas.


Cuanto más errores cometes, más reflexionas,
más maduras, aprendes, mejoras
cuanto más te engañan, te lastiman, más crees, aceptas,
cuanto más lágrimas llores, más limpias tu alma, tu mente
cuanto más grande es tu dolor, más cerca estas de Dios,
él te manda un arco iris para calmar la tempestad de tu alma
la vida, te hace grande, fuerte cada día, cada, minuto,
cada segundo, cada respiro profundo que sale de tu corazón.

Gracias vida, gracias, por lastimarme,
gracias por demostrarme, que él “nunca”, nunca se cumple
y el “siempre”, siempre se termina
gracias vida, por darme valor, fuerza para sonreír,
aunque por dentro, este hecha pedazos
perdón vida, por pensar que sos injusta
cuando tal vez, injusta, sea yo.

Gracias vida, por hacerme fuerte.

Autor: Anita Carmela

Carta de despedida (Gabriel García Marquez)




“Si por un momento Dios se olvidará de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente n...o diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más. Entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen, escucharía cuando los demás hablan y ¡cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!

  Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma. Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, una canción de Serrat sería la serenata.


  Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas y el encarnado beso de suspétalos…Dios mío si yo tuviera un trozo de vida… no dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero que la quiero. Convencería a cada hombre o mujer de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor. A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse. A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.


  Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres… he aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por vez primera, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre. He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas las cosas que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.


  Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas. Si supiera que hoy es última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma. Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más. Si supiera que ésta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente. Si supiera que estos son los últimos momentos que te veo, diría TE QUIERO y no asumiría tontamente que ya lo sabes.


  Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré. El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo. Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesites, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles lo siento, perdóname, por favor, gracias y todas las palabras de amor que conoces.”


Todas las madres son ricas cuando aman a sus hijos. No hay pobres, no hay feas, no hay madres viejas. Su amor es siempre la más bella de las Alegrías. Y cuando parecen tristes, basta un beso que reciban o que den para que todas sus lágrimas se conviertan en estrellas en el fondo de sus ojos. ―Maurice Maeterlinck

LA MUJER - Música - David Garrett

Tal vez nunca envejezcamos juntos; tal vez me pierda tus mejores sonrisas y el verte llorar, pero qué bonita me veo a tu lado imaginándolo.


sábado, 16 de junio de 2018

La caricia perdida - Alfonsina Storni


Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos... En el viento, al rodar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,...
la caricia perdida, ¿quien la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.

  Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida rodará... rodará...
Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va,
si no ves esa mano ni la boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de llamar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida ¿me reconocerás?

Alfonsina Storni

“Otoño” Octavio Paz



En llamas, en otoños incendiadas,
arde a veces mi corazón,                                         
puro y solo. El viento lo despierta,
toca su centro y lo suspende
en luz que sonríe para nadie:
¡cuánta belleza suelta!

Busco unas manos,
una presencia, un cuerpo,
lo que rompe los muros
y hace nacer las formas embriagadas,
un roce, un son, un giro, un ala apenas,
celestes frutos de luz desnuda.

Busco dentro mí,
huesos, violines intocados,
vértebras delicadas y sombrías,
labios que sueñan labios,
manos que sueñan pájaros…

Y algo que no se sabe y dice “nunca”
cae del cielo,
de ti, mi Dios y mi adversario.

- Octavio Paz

Golondrinas de Alfonsina Storni


Las dulces mensajeras de la tristeza son...                       
son avecillas negras, negras como la noche.                  
¡Negras como el dolor!

¡Las dulces golondrinas que en invierno se van
y que dejan el nido abandonado y solo
para cruzar el mar!

Cada vez que las veo siento un frío sutil...
¡Oh! ¡Negras avecillas, inquietas avecillas
amantes de abril!

¡Oh! ¡Pobres golondrinas que se van a buscar
como los emigrantes, a las tierras extrañas,
la migaja de pan!

¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid!
¡Venid primaverales, con las alas de luto
llegaos hasta mí!

Sostenedme en las alas... Sostenedme y cruzad
de un volido tan sólo, eterno y más eterno
la inmensidad del mar...

¿Sabéis cómo se viaja hasta el país del sol?...
¿Sabéis dónde se encuentra la eterna primavera,
la fuente del amor?...

¡Llevadme, golondrinas! ¡Llevadme! ¡No temáis!
Yo soy una bohemia, una pobre bohemia
¡Llevadme donde vais!

¿No sabéis, golondrinas errantes, no sabéis,
que tengo el alma enferma porque no puedo irme
volando yo también?

¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid!
¡Venid primaverales! ¡Con las alas de luto
llegaos hasta mí!

¡Venid! ¡Llevadme pronto a correr el albur!...
¡Qué lástima, pequeñas, que no tengáis las alas
tejidas en azul!